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El origen del Espíritu de la Navidad

Por 2 diciembre, 2019 Empieza a comentar

¿Sabes cuál es el origen del Espíritu de la Navidad? Si te digo que no tiene nada que ver con la religión sino con un suceso que acontece una vez al año. Una fecha concreta que se celebra desde tiempos inmemoriales. Los antiguos celtas celebraban la llegada del invierno, cada 21 de diciembre, lo que hoy conocemos como solsticio de invierno, fecha en la que para ellos el sol moría y volvía a renacer el 25 de diciembre. Esta antigua tradición celta fue derivando, con el paso del tiempo, para convertirse en lo que hoy conocemos como el Espíritu de la Navidad.

Cuenta la leyenda que hace miles de años, llegó al lugar de la Tierra, que hoy conocemos como Escandinavia, desde un mundo lejano, un ser de una belleza extraordinaria que buscaba ayudar a los humanos. Era un viajero errante que compartía sus conocimientos con una alegría contagiosa, y durante su recorrido iba repartiendo regalos y bendiciones a todo aquel que se cruzaba en su camino. Por eso, la llegada del Espíritu de la Navidad es símbolo de agradecimiento por los favores recibidos durante el año que termina, y nuevos deseos de prosperidad para el año que está por comenzar.

La celebración de la llegada del Espíritu de la Navidad es una tradición de origen nórdico, se celebra el 21 de diciembre, fecha del solsticio de invierno, esa noche es la más larga del año, momento que señala el final de la oscuridad y la llegada de la luz. Para los países escandinavos significaba el triunfo de la vida sobre la muerte. Era un momento de celebración tranquila, las familias y amigos se reunían, alrededor de una mesa preparada para la ocasión y en la que no faltaba de nada, para agradecer que estaban vivos y acordarse de los que ya no estaban, acogiendo con alegría a los forasteros. Duraba unas dos semanas. Se colocaba, dentro de las casas, un árbol de hoja perenne, que representaba el Yggdrasil, el árbol de la vida o del universo en la mitología nórdica, y que decoraban llenándolo de adornos. De aquí la tradición del árbol de Navidad. Se sacrificaba una cabra al dios Thor. La cabra, que comenzó siendo una ofrenda, se acabó convirtiendo en un símbolo de esta celebración que portaba las ofrendas. Más adelante, en el SXIX, en Finlandia, esta cabra se transformó en un anciano que traía regalos, Papá Noel.

Sí, como te decía al principio, la Navidad tiene su origen en una celebración pagana. Para las antiguas culturas, el solsticio de invierno significaba vida, muerte y resurrección. Aunque la fecha del nacimiento de Jesús no está señalada ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, algunos expertos, tomando como fuente la Biblia, han podido calcular el nacimiento de Jesús entre septiembre y octubre. Cuando el Cristianismo empezó a tomar fuerza en el imperio Romano, hubo que buscar una fecha para celebrar su nacimiento.

En el antiguo Imperio Romano, la fiesta del solsticio de invierno era el acontecimiento social más importante del año y se llamaba Saturnalia, en honor a Saturno, dios de la agricultura y las cosechas. Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre se celebraba el nacimiento del Sol, Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible). Los cristianos asimilaron las festividades locales del solsticio de invierno para señalar tan importante evento y por eso tomaron el 25 de diciembre, con Natalis Invictis Solis, el nacimiento del sol invencible, como la fecha del nacimiento de Jesucristo. Algo a todas luces lógico, ya que, si Cristo había venido a la Tierra a salvar al hombre de la oscuridad, es normal que naciera durante la fecha del solsticio de invierno, cuando la vida triunfa sobre la muerte.

En cualquier caso, el espíritu de estas fiestas simboliza tiempo de unión, de acercar posturas, de amistad, de sinceridad, de ayudar al que lo necesita, de compartir lo que tenemos, de ser más comprensivos y mejores personas. Se trata de estar en armonía con nosotros y con quienes nos rodean, padres, madres, hijos, primos, amigos, compañeros de trabajo, desconocidos. Sí, lo ideal sería ser así durante todo el año, pero ya que la realidad es otra, aprovechemos la oportunidad que estas fiestas nos brindan y seamos, en resumen, más humanos y mejores personas, aunque sea por un ratito.