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Brujas, mujeres independientes y con grandes conocimientos.

Por 7 octubre, 2020 38 Comentarios

La caza de brujas tuvo lugar durante los siglos XVI al XVIII en América y sobre todo, en Europa Central, en países como Alemania, Suiza, Inglaterra, Italia y Francia, siendo los protestantes los países más sanguinarios.

Durante este período, cientos de miles de procesos de brujería tuvieron lugar. Alemania fue el lugar en el que se desarrolló la persecución más despiadada, ajusticiando a un total de 30.000 víctimas, casi la mitad del total europeo.

Contrariamente a lo que se cree, aquí, en España, la caza de brujas casi no existió, si bien fueron juzgadas unas 300 personas, sólo fueron ejecutadas aproximadamente unas 30.

De las 60.000 personas que fueron asesinadas, preferentemente quemadas en la hoguera, la inmensa mayoría fueron mujeres.

La historia nos hizo creer que una bruja era una mujer mayor, vestida de negro, fea, con verrugas, que maldecía todo el tiempo, que volaba en escoba, que tenía tratos con el diablo y que sacrifica niños.

Pero, ¿sabes quiénes eran realmente las brujas?

Para poder situarnos es importante saber que, el modelo de sociedad que se afianzaba en aquella época era muy misógino y tremendamente machista, motivo por el cual, estas mujeres suponían una grave amenaza.

Las brujas poseían amplios conocimientos sobre anatomía, minerales, botánica, (entendían el poder de las hierbas y plantas y hacían uso de él, elaborando recetas para curar). Eran grandes expertas en campos como el amor, la sexualidad, la reproducción, ejercían de parteras, eran alquimistas, nodrizas, cocineras, consejeras, perfumistas… prestando, con todo ello, un gran servicio a la comunidad.

En el medievo, sus recetas para sanar fueron interpretadas como, un poder oscuro proveniente del diablo, motivo por el que miles de ellas fueron perseguidas, procesadas y ajusticiadas.

En una sociedad en la que la mujer tenía el mismo valor que un niño y, en algunos casos, ningún valor, el saber de estas mujeres constituía una amenaza, por lo que fue perseguido y quemado con ellas en la hoguera.

En aquellos tiempos, la población europea se había visto diezmada por la peste negra, la pobreza campaba a sus anchas, el feudalismo comenzaba a desaparecer, se necesitaba mano de obra para trabajar los campos y los gobiernos europeos animaban a la población a concebir hijos.

Sin embargo, las brujas poseían un conocimiento muy importante sobre la reproducción y el control de la natalidad ya que sabían preparar pociones abortivas. Este saber implicaba la posibilidad de ejercer una sexualidad mucho más libre, una sexualidad sobre la que la mujer tenía capacidad de decidir, algo que ponía en peligro la hegemonía masculina y que, a todas luces, iba en contra de la tendencia de ese momento, por lo que los hombres las desposeyeron de sus conocimientos y las aniquilaron en la hoguera.

La mayoría de estas mujeres tenían carácter, eran rebeldes, reivindicativas e independientes, gracias a su sabiduría y conocimientos generaban sus propios ingresos y vivían solas en casas en el bosque, valores que se atribuían a las “sirvientas” del demonio y que generaban mucha desconfianza, por lo que cualquiera que mostrase este tipo de personalidad pasaba a ser un potencial objetivo de esta atroz persecución.

Gran parte de las mujeres que fueron acusadas de brujería eran solteras o viudas, pertenecían a los niveles más bajos de la sociedad, solían ser analfabetas, por lo que cuando eran acusadas ante un tribunal, la posibilidad de defenderse era escasa o nula. Normalmente, acababan declarándose culpables después de ser cruelmente torturadas y vejadas. Además, bajo amenazas, eran obligadas a denunciar a otras brujas. Casi todas superaban los 50 años, si tenemos en cuenta que en aquella época una mujer de esa edad estaba muy avejentada, se ajusta perfectamente al estereotipo tradicional de la bruja que tenemos hoy en día.

En resumen, fueron mujeres transgresoras para su época. Mujeres que poseían importantes conocimientos en infinitos aspectos de la vida, sabedoras del poder de la naturaleza a la perfección y del que obtenían enormes beneficios.

Creían en la independencia femenina y se apoyaban unas a otras ofreciéndose, entre ellas, la sabiduría de la que disfrutaban.

Defendían la libertad sexual y su derecho a decidir en una época en la que se las consideraba un mero objeto sexual y reproductor, había que procrear para generar mano de obra que trabajase los campos.

Fueron mártires en una época llena de ignorancia y superstición, en la que no había lugar para ellas. No se les permitió brillar y ser ellas mismas porque, sin pretenderlo, su luz era tan poderosa que producía miedo a las mentes estrechas y cegadas del momento.

Eran mujeres poderosas, eran brujas.

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